Turismo no lo hace mejor
Gabriel (Tzunami) Walcott
En la Compañía de Turismo se encuentra el Departamento de Juegos de Azar; lo constituyen ochenta y dos (82) inspectores cuya función es velar por el cumplimiento de la ley 221 en los casinos de Puerto Rico. Son funcionarios que representan el interés público y son una autoridad pública. Son los que tienen que proteger los ingresos públicos de millones de dólares que nutren el presupuesto de la Universidad de Puerto Rico y de la propia Compañía de Turismo. Son además funcionarios- árbitros que garantizan el juego limpio en los casinos. -Policías bilingües con gabán y corbata- los describió recientemente un colega periodista.
Los legisladores que crearon en 1948 la ley de Juegos de Azar, como los que posteriormente la continúan validando y dándole dientes que la atemperen a nuevas realidades, no improvisaron ni improvisan sin imaginación, más bien articularon un problema para transformarlo en un beneficio para el pueblo. Tomaron el vicio del juego –que todavía es ilegal, salvo que halla un inspector gubernamental de juegos de azar presente- y lo reglamentaron. Sabían y saben que a mayor reglamentación, fiscalización y supervisión habrá mayor confianza de parte del cliente (turista o local) y mayor confianza en el pueblo hacia esa actividad altamente sensitiva. A mayor confianza del cliente en la operación del juego por parte de la casa ( a mayor seguridad de su inversión) habrá un mayor volumen de juego (mayor cantidad de jugadores). A mayor volumen de juego, mayor será la ganancia de la casa. Y, finalmente, a mayor ganancia de la casa, mayor será el recaudo para el erario que deberá transformarse en beneficios para el pueblo.
Saber esto y saber que de los principales 23 hoteles en Puerto Rico, las campañas promocionales de Puerto Rico como destino turístico y el empleo directo de más de 15,000 personas, dependen de los ingresos que generan los casinos, nos hace pensar que hablamos de algo realmente importante. Saber que esos casinos son fiscalizados por esos 82 inspectores (desde el juego de mesas – artesanal e interpersonal- hasta el juego de máquinas –mecánico, tecnológico y solitario) que están levantando una voz de alerta al pueblo, debe llamar nuestra atención. Esta actividad es sensitiva por la cantidad de dinero que corre en los casinos, por la diversidad de personalidades que allí acuden (gentes de cien mil raleas, diría Serrat), por las pasiones que el juego levanta y por el afán de lucro a ambos lados de la mesa.
Por estas razones la ley concibe la presencia del inspector de manera permanente e ininterrumpida en los casinos. Su fiscalización presencial ha sido tradicional y necesariamente requerida. El inspector vigila, fiscaliza el cumplimiento de la ley y el reglamento, previene actividades fraudulentas y garantiza la pureza del juego. Si todavía hoy los casinos no se han convertido en garitos peligrosos, en una lavandería de dinero sucio o en una actividad mafiosa se debe entre otras razones a la figura del inspector que creara la legislatura desde 1948 y luego continuara fortaleciéndola y cuidándola.
Existen, también, otras razones: la industria conoce de gerentes y empleados de honestidad legendaria, ejemplos del decoro más alto, pues sabemos que es más arriesgado ser honesto en un casino que en un templo. Es cierto que también existen aquellos que no desearían que hubiera inspectores, pero esta es una actitud similar a la molestia que experimenta el conductor responsable y decente cuando el policía lo detiene para verificar si su licencia y la del vehículo están al día y todo está en orden. (aunque también sabemos que en algún momento ha habido ciudadanos decentes que se han pasado el límite de velocidad o se han tragado una luz.) Todo esto se entiende.
Lo que no se entiende es que sea el propio gobierno quien, contrario a la ley y a la política pública, utilice como instrumentos a la Compañía de Turismo y su Departamento de Juegos de Azar para debilitar la fiscalización; flexibilizarla dejando a los casinos sin la presencia del inspector. Inicialmente una hora por turno ( lo que en un casino de 24 horas significarían un período ciego, sin fiscalización, de tres horas.) y más tarde, como ya se han aventurado a sugerir, turnos completos sin fiscalización alguna.
¿Por Qué Lo Hacen?
La razón que no esconden es la de que necesitan dinero. Razón que aparenta ser parcialmente cierta pues nunca antes en la vida de la Compañía de Turismo se habían contratado tantos asesores ni ha habido tantos empleados de confianza. Y a todos ellos, por supuesto, hay que pagarles.
Otra razón que algunos adjudican es la de cierto revanchismo de parte de la Compañía con los inspectores. Fueron estos, quienes junto a la Asociación Hotelera y otros sectores dieron la batalla contra la video lotería y las máquinas ilegales que se pretendía inundaran el país. Los inspectores continuaron de manera activa su oposición a este proyecto aún después que el Director Ejecutivo de la Compañía de Turismo cedió a las presiones que le hicieron cambiar su posición.
Otra razón es la falta de imaginación de los burócratas de la Compañía. Ante el problema que tienen de cumplir con la obligación en ley, por un lado, de honrar el período de alimentos de los inspectores y, por otro lado, cumplir con la ley que exige la presencia del inspector en el casino, se han decidido por la salida cantinflesca de violar una ley para cumplir con otra.
Hubo una época de un menor número de operaciones de casino y el número de inspectores (dos y hasta tres por turno) era más que suficiente; se disfrutaba de la hora de alimentos y la presencia del inspector era permanente y continua en el casino. Hoy es diferente, hay una mayor cantidad de operaciones (en horarios muy diversos con el permiso y anuencia de la Compañía que complican la operación del Departamento y aumentan las posibilidades de pago de sobretiempo a los empleados) y la Compañía o quienes los utilizan se niega a reclutar nuevos inspectores; lo que es, en la realidad, la solución más sensata y necesaria.
O sea, en tiempos de recesión, con una ola criminal haciendo historia en nuestro país, que ya ha comenzado a asomar en los casinos (el robo reciente en el casino del Hotel Westin Río Mar no es un hecho aislado), un país donde la corrupción se hace evidente en los más altos niveles del gobierno, un país descrito por el gobierno federal como zona de alta intensidad en lavado de dinero lo que se le ocurre a turismo es el disparate de ir dejando, poco a poco, los casinos sin fiscalización.
Los inspectores de Juegos de Azar se reunieron con los directores de turismo, le llevaron sus planteamientos y alternativas (entre otras la idea de unos inspectores itinerantes para cubrir el tiempo de la hora de alimento de los inspectores, así como la sugerencia de regular más estrictamente horarios de apertura y cierre de los casinos para evitar el sobretiempo), pero la dirección de Turismo insiste en burlar la ley. Las quejas de los clientes de las tragamonedas quienes tienen que esperar una hora para recibir el pago del premio que el inspector debe verificar, no se ha hecho esperar; así como la queja por la tardanza de la decisión del inspector en las mesas.
Otros personajes ya se preparan, pacientemente, para incursionar con su ilegalidad y su trampa en lo que hasta hoy ha servido decentemente a la Universidad de Puerto Rico, al propio turismo local y al País.
Los inspectores inician los procesos de denuncias y querellas ante alguna acción fraudulenta de cualquier cliente o visitante …o del mismo casino. Los inspectores - de Juegos de Azar, decía un cliente al que interrogamos- para donde miran, ven. Si no están presentes no podrán mirar, ni ver.
La Asociación de Inspectores de Juegos de Azar, que es la organización sindical que los reúne, ha solicitado una reunión con el gobernador, debido a la actitud delincuente y descuidada de los directores de turismo. Ha solicitado, además, a la Cámara de Representantes que apruebe la R de la C 1591 que presentara en Presidente de la Comisión de Gobierno , el Rep. Carlos Juan Méndez Núñez. Han recurrido al gobernador y a la Asamblea Legislativa porque Turismo no lo hace mejor.




